La sala polivalente Kid Chocolate estaba “a reventar”. Cuba y Curazao jugaban – con plazas aseguradas para el Premundial de Concacaf – por el oro de la eliminatoria caribeña. Fue quizás la noche en que el futsal cubano salió de cierto anonimato, pues el partido se televisó y los muchachos de Clemente Reynoso alzaron el trofeo.
